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El organismo de vigilancia “Kik It Out” recogió en 2017  282 incidentes relacionados con el racismo y la homofobia (1 de cada 5) en el fútbol inglés, de los que 131 se produjeron en las 4 principales divisiones del fútbol inglés, lo que supone un incremento del 75%.

Según una encuesta realizada en el Reino Unido en 2010 por la Universidad de Staffordshire a 3.500 aficionados, jugadores y árbitros, revela que los futbolistas profesionales temen salir del armario más por los medios de comunicación, o la presión de clubes y agentes, que por la opinión de la hinchada o de sus compañeros de equipo

 

COMPAÑEROS DE EQUIPO

Uno de los temas que mayor preocupación que  puede llegar a causar a los jugadores de fútbol que quieran expresar libremente su sexualidad y hacer partícipes de ello a sus compañeros es el miedo, miedo a ser rechazado no sólo por su entorno familiar sino también, en este caso, por sus compañeros de equipo ya que no es lo mismo ser un deportista que participa de manera individual que trabajar en equipo y tener que enfrentarse al vestuario.

El investigador y psicólogo deportivo Anthony Mette dio a conocer, en Abril de 2013, su “Análisis sobre la homofobia en el fútbol profesional”, a encargo del “Paris Foot Gay”.

Los jugadores que declaran haber tenido “pensamientos hostiles hacia los  homosexuales” son un 41% entre los futbolistas profesionales, un 50% en los centros de formación deportiva y, este dato referido a todos los deportes de manera indistinta, un 8% entre los aficionados.

Si un compañero de equipo saliera del armario, un 63% de los jugadores profesionales y un 73% de los futbolistas en formación afirman que se sorprenderían de ver cómo se ha roto este tabú. Además, un 55% de jugadores en centros de formación tendría miedo de ducharse en presencia de un jugador gay, un 22% preferiría cambiar de equipo y un 23% temería un menor rendimiento del equipo.

Sin embargo, más de la mitad de jugadores estaría a favor de tener un compañero gay y lo consideraría sobre todo en función de su rendimiento deportivo y no por su homosexualidad.

En los centros de formación deportiva se respira un intenso ambiente de homofobia por el aislamiento en los mismos y por su contexto de competencia y agresividad.

Pero los jugadores de fútbol no tienen la exclusiva de la homofobia. Entre los árbitros las actitudes homófobas también son notables.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El fútbol tiene mucha más atención por parte de los medios de comunicación que otros deportes, por lo que todo lo que sucede tiene mayor resonancia. Además determinados medios para vender más se dedican a exponer la vida privada de los jugadores, ya sea real o figurada, ya sean rumores o malidicencias, ya sean insultos o felicitaciones. Para ellos lo importante es vender, muchas veces a costa de su ética profesional.

CLUBES

El fútbol profesional en España indudablemente mueve gran cantidad de dinero, constituyéndose en un negocio muy rentable para muchos clubes. Los grandes equipos de fútbol perciben con desagrado las polémicas o titulares que generan los jugadores por su vida extradeportiva. Sin duda temen que tener un jugador abiertamente homosexual, les puede pasar factura en su hinchada o perder patrocinadores. En determinados clubes, sobre todo los de gran nivel, consideran muy difícil educar a sus aficionados en la lucha contra la intolerancia y la homofobia, lo que afectaría en gran medida a sus ingresos si se aplicara estrictamente las normativa antidiscriminatoria.

AUTORIDADES DEPORTIVAS

Es evidente la inacción de las autoridades deportivas, clubes y federaciones en el fomento de un ambiente de aceptación y respeto hacia la diversidad sexual. Mientras las campañas contra el racismo se han multiplicado en los últimos años impulsadas desde instituciones deportivas y el mundo deportivo, para reivindicar los valores de respeto, tolerancia y juego limpio en el deporte, éstas sólo han llegado con cuentagotas contra la discriminación, excusión y violencia hacia la población LGBTI.

También es evidente para muchos la doble vara de medir aplicada en la sanción de pancartas, gritos e insultos que usan la orientación sexual como arma arrojadiza con el objeto de degradar, despreciar e insultar a jugadores y árbitros. La falta de sanciones efectivas y sistemáticas, así como de recomendaciones o apercibimientos para terminar con estos comportamientos en los estadios españoles, hace que sean habituales en los terrenos de juego, un domingo sí y otro también.

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